Entrevista para turismo n-d

Hablar de gastrosexología es hablar de gastronomía, psicología y… ¿sexología? Para introducirnos en el tema y para las personas que escuchan esta palabra por primera vez,¿cómo definirías la “gastrosexología”?

El concepto de gastrosexología surge de la fusión de la psicología , la sexología y la cocina. Esta disciplina trata de explicar y aplicar los mecanismos de excitación que subyacen e influyen en el placer que nos proporciona el mundo de la gastronomía. La gastrosexología se sirve de la explicación de estos mecanismos psicológicos–sexológicos y de la sugestión inducida para que platos, bebidas, simbolos gastronómicos o determinados productos nos produzcan un placer incrementado.

En tu caso personal, cómo una psicóloga clínica llega a ser ¿psicóloga de la gastronomía? (Se ríen)

Bueno, hace varios años comencé a aplicar la psicología de modificación de conducta para niños a través de diversos cursos de cocina. Teniendo en cuenta que también tengo consulta de sexología decidí que se debería estudiar también la unión de las tres disciplinas. Psicología, sexología y gastronomía.

Podemos hablar de “gastrosexología” como profesión ¿o es algo que aún no está posicionado como tal y simplemente es un concepto?

En realidad no es una profesión, es una nueva disciplina que diseñe y surgió de la unión de la psicología y la sexología pero con aplicaciones a la gastronomía. Por lo tanto está en fase de investigaciones y no se puede definir como tal profesión.

Cuando te preguntan a qué te dedicas, cuál es tu trabajo… ¿Qué respondes?

Que soy psicóloga clínica y sexóloga además de otras especialidades que no tienen relación con la gastronomía.

Sabemos que eres muy conocida en Galicia en el mundo de la gastronomía. Y en el resto de España, ¿conoces alguna persona que se dedique profesionalmente a la “gastrosexología”?

No existe nadie que se dedique específicamente a la gastrosexología, porque como ya te he comentado no es una profesión. Sino una fusión de disciplinas que yo he unido para comenzar una investigación nueva con esta nueva denominación de gastrosexología.

¿Cómo ha sido acogida esta “profesión” de la gastrosexología, en el sector turístico de Galicia?

La acogida ha sido muy buena puesto que se ha entendido como una puesta en valor de los productos y la gastronomía de la zona de donde provienen con una base científica.

¿Crees que la gastrosexología es una moda, una tendencia, algo puntual, o por el contrario perdurará a medio y largo plazo?

Creo que es una nueva denominación o disciplina que tengo que seguir desarrollando e investigando, por lo tanto queda mucho por hacer.

Sabemos que realizas talleres de gastrosexología. ¿Nos podrías explicar brevemente en qué consisten?

Las ponencias y talleres de gastrosexología tratan de explicar los mecanismos de excitación que subyacen en el placer de comer o de cocinar para un comensal. Implican variables como: temperaturas, sugestión, texturas, recuerdos, olores y diversas cuestiones que afectan y pueden producir placer dentro del mundo de la gastronomía. En los casos de los talleres prácticos, los asistentes aprenden estos mecanismos gracias a la explicación, a la sugestión a través de imágenes , cine, música y posteriormente con la degustación de los platos en los que se pueden apreciar estas variables que afectan al placer. En la mayoría de las ocasiones estas preparaciones son obra de reconocidos cocineros, barman, baristas que me ayudan a ejemplificar dichas variables de placer gastronómico.

De los talleres realizados, colaboraciones, etc. ¿cuál ha sido para ti la más gratificante? ¿Cuál te ha aportado más como experiencia?

Creo que me he rodeado de excelentes profesionales de la gastronomía y cada día puedo aprender y descubrir más de su trabajo para aplicar la gastrosexología.
En cada lugar que se imparte una ponencia o un taller intento que sea modificado según el profesional que me acompañe o el producto o productos a emplear en las demostraciones sacándole todas las capacidades gastrosexológicas.

Hablemos de turismo y gastrosexología… ¿Qué lugar o lugares de Galicia te resultan más sexuales?

En realidad me sugiere mucho los platos tradicionales o los productos autóctonos de cada zona porque partimos de la base de que si ha perdurado en el tiempo es porque es un plato o un producto excitante y gratificante. Cada lugar de Galicia mantiene esos productos, lo importante es descubrirlos y ponerlos en valor explicando el porque de su éxito durante el tiempo.

¿Qué comida típica gallega consideras más sexual? ¿y bebida?

En este tiempo he descubierto joyas de la cocina típica de algunas zonas de Galicia que me han gustado por lo inusual de su manera de comer o de elaborar. No sólo son los ingredientes, a menudo la ceremonia es muy importante, por ejemplo con la empanada de costrela de A Rúa. En cuanto a las bebidas, los vinos tostados naturalmente dulces entre las bebidas que se están recuperando y también nuevas adquisiciones en Galicia con varios vinos espumosos tienen mucho que decir. Pero siguen muchas cosas por investigar.

Para terminar, nos gustaría hacerte una pregunta curiosa… En tu opinión, eso de ver el lado sexual a la comida, ¿es algo objetivo, real, existe, o por el contrario se necesita tener alguna cualidad especial para verlo?

La cualidad especial la tenemos todos, lo importante en gastrosexología es tener curiosidad y ganas de aprender para poder abrir la mente, ver y vivir la gastronomía de otra manera más placentera y desde el conocimiento.

Esta entrevista apareció en la web turismo n-d .

La memoria de los sabores

“La cabeza lleva el saber y el sabor. La gastronomía tiene implícita una parte cultural importante, porque los sabores en la memoria son los que conforman a un gastrónomo, a un gourmet. Es la despensa emocional. Creo que hoy el momento de la gastronomía es la emoción. Además de la altísima calidad y los magníficos productos, la cocina tiene que ser hoy emocionante.” (Jacobo Gavira de Parga)

Partiendo de estas afirmaciones quisiera explicar cómo desde la gastrosexología podemos explicar desde un punto de vista científico el funcionamiento de esta “despensa emocional”

¿Porque cuando volvemos a un lugar, una ciudad o un país volvemos inexcusablemente a saborear y degustar los platos, vinos , destilados en el mismo lugar?
¿Porque tenemos la necesidad imperiosa de saborear esos productos para volver a sentir que ya estás de vuelta?
La memoria de los sabores y olores de cada lugar marcan nuestra relación directa de placer con ese lugar.

En nuestra primera visita a esa ciudad diversos sabores placenteros se han unido a una situación emocional positiva provocada por diversos factores como por ejemplo, un acompañante agradable, el descubrimiento de un aroma o un sabor nuevo, el lugar que rodea a ese producto, una noticia agradable, etc.
En ese mismo instante el producto, su aroma pasa a guardarse en la parte del cerebro donde guardamos la memoria placentera de sabores. No solo recordaremos el sabor sino el lugar, la persona que nos acompaño y la situación positiva que nos hace volver a ese lugar para conseguir volver a tener las mismas sensaciones placenteras que vivimos la primera vez.
La amígdala cerebral juega un papel central y es la zona que determina el almacenamiento de memorias emotivas ; el contexto emotivo que rodea el momento de descubrir un alimento puede tener un impacto en la duración y fuerza con la que recordaremos posteriormente ese sabor, tanto positivamente como negativamente. Un exceso de cantidad, un dolor estomacal, una compañía agradable o un lugar confortable,etc.. Todos estas variables pueden convertir una experiencia gastronómica en una memoria emotiva positiva o negativa.

En definitiva la memoria de los sabores de un lugar no se guarda en nuestro cerebro de manera aislada sino que lo conforma una unión de recuerdos placenteros que rodearon a ese sabor en esa ciudad, lugar o país.

Para poder experimentar esa maravillosa sensación de saborear algo y evocar un momento del pasado, intervienen prácticamente todos nuestros sentidos, desde la vista, el gusto, el olfato… podemos incluso sentir aquella felicidad o aquel estado de ánimo del momento evocado.
Para activar esta memoria involuntaria, el estímulo detonante es esencial. Un sabor, un plato, un ingrediente en su punto de maduración, un aroma…

Si fueramos capaces de recrear de nuevo la situación original que causó tal placer y emoción positiva podríamos acercarnos levemente a la misma sensación de placer. No podremos recrearla de igual manera puesto que en nuestra memoria, poco a poco hemos convertido esa sensación en una situación idealizada.

Lo divertido de volver a los lugares, sabores y personas que rodean a esta memoria de los sabores es poder conseguir acercarse un poco al placer que habíamos vivido e a incorporar nuevas memorias placenteras, nuevas personas, nuevos aromas que incrementen el placer que habíamos vivido en ese lugar.

Como dice la canción:

“Y volver , volver , volver a tus brazos otra vez..”

Gastrosexología del vino

Vendimia nocturna
Todo comienza con el sonido del descorche de una botella y en el borde de la copa te espera un camino de agradables sensaciones. Amablemente alguien mira directamente a tus ojos mientras te sirve esa primera copa de vino que producirá efectos placenteros en todo tu cuerpo, que mojará tus labios y te inundará con su aroma.

Cada descorche de una botella de vino es todo un acontecimiento, una sorpresa, un descubrimiento de nuevos olores o recuerdos de aromas que hemos retenido en nuestra memoria. Dentro de la gastrosexología existe una delgada línea en cuanto al consumo del vino y sus efectos en el comportamiento sexual. El vino, sobre todo el vino tinto, tiene propiedades vasodilatadoras que favorecen la erección en el hombre y eleva la cantidad de estrógenos en la mujer lo que produce un incremento del deseo sexual en ellas. La cuestión es saber no cruzar esa delgada línea con un consumo moderado. Teniendo en cuenta que el alcohol puede retardar el orgasmo, un exceso de vino puede producir disfunción eréctil y sueño. Algo incompatible con el placer sexual. Sin embargo en cantidades moderadas el vino produce una liberación del deseo, una segregación de endorfinas del placer, borra los frenos sociales y las barreras psicológicas que nos autoinculcamos para dar rienda suelta al descubrimiento del placer.

Incluso podemos decir que las personas que se dedican profesionalmente a la cata de vinos, según estudios neurológicos, desarrollan una área del cerebro, la amígdala, que está muy relacionada con el placer. Podríamos decir que los aficionados al vino son personas más receptivas al placer o al menos más sensibles.

La cata de un vino puede proporcionar sensaciones semejantes al acto sexual, descubrimientos de sabores e intervención de todos los sentidos; con el ritual de la cata comienza a estimularse cada sentido.

El oído se estimula con el descorche y el borboteo del vino al caer suavemente sobre la fina copa de cristal, a continuación observamos los tonos brillantes del vino para luego rodear la cintura de la copa para asirla y acercarla lentamente a nuestra nariz donde descubriremos cada matiz del vino que vamos a degustar mojando directamente los labios para captar cada detalle, cada recuerdo y cada aroma que nos regala el vino.

Definitivamente el vino posee la capacidad de hacernos revivir la sensación de desinhibición que sentimos cuando nos acercamos al orgasmo y es en su cantidad adecuada una poderosa arma gastrosexológica a emplear en los preliminares del sexo.

Comparte una copa de vino y disfruta de cada uno de sus matices.

Concepto de Gastrosexología

Cocinera gastrosexológica
El concepto de gastrosexología surge de la fusión de la psicología , la sexología y la cocina. Esta disciplina trata de explicar y aplicar los mecanismos de excitación que subyacen e influyen en el placer que nos proporciona el mundo de la gastronomía. La gastrosexología se sirve de la explicación de estos mecanismos psicológicos – sexológicos y de la sugestión inducida para que platos, bebidas, simbolos gastronómicos o determinados productos nos produzcan un placer incrementado.

Esta sugestión previa se logra a través de imágenes, películas, música, aromas que nos preparan para recibir el plato en el que se conjugarán varias de las variables que influyen en el placer. Esta explicación y sugestión previa produce en nuestro cerebro que se liberen endorfinas, sustancias placenteras que también se segregan en las fases preliminares del sexo, donde la sugestión influye en las futuras fases de la excitación.

August Escoffier ya lo comentaba en su libro “Mi cocina” (1934) : “Una comida buena y delicada debe terminarse con frutas excelentes que al perfumar la boca hacen olvidar el gusto de las carnes. En una palabra, las frutas constituyen el apoteosis de la comida, especialmente cuando van acompañadas con deliciosas cremas heladas”. En esta frase se explica una de las variables que afectan al placer en un plato, Es importante lograr dentro del plato o del menú unos cambios importantes tanto en temperaturas, texturas, colores, presentaciones , etc para no llegar a la habituación y por lo tanto a saturar a nuestro cerebro con los mismos estímulos. August Escoffier finalmente sentencia con gran claridad: “La monotonía termina produciendo inapetencia”. Al igual que en el sexo, en la gastronomía es necesario una contínua estimulación de los sentidos, donde cada uno de los sentidos tiene que cobrar su importancia en su momento adecuado para no llegar a ser monótono e inapetente.

Os invito a partir de ahora a hacer un viaje a todas esas prácticas que se podrán explicar y aplicar en nuestra vida cotidiana, en nuestros platos y en nuestras experiencias culinarias.

Este artículo apareció en versión inglesa en el número de enero de Comida de Almería

El océano en la palma de tu mano

ostra
Ingredientes:

  • Ostras
  • Zumo de lima
  • Cilantro
  • Caviar de salmón.

 

Un elegante hombre vestido de blanco descubre en la playa a una hermosa mariscadora de ostras que porta una red llena de estos manjares. Él le pide una de las ostras y con sus delicadas manos la maricadora separa cuidadosamente la carne de la ostra y se la ofrece.

El hombre se corta un labio al intentar alcanzar la salada ostra y la chica desliza la carne de la ostra a la palma de su mano que utiliza como recipiente para ofrecérsela. Con el sonido del mar de fondo ofrece el manjar al caballero que vorazmente come de la mano femenina disfrutando con los ojos cerrados el intenso sabor de la ostra que inunda su cuerpo. Ella observa cómo disfruta de todos los aromas y sabores del manjar ofrecido y a continuación lame la gota de sangre salada que brota de los labios del caballero mientras las olas los observan impasibles.

Este fragmento de la película japonesa Tampopo ( Itami Juzo, 1985) ejemplifica claramente la similitud entre la salinidad de nuestros cuerpos y la salinidad del marisco. Esta atracción por los sabores salinos viene condicionada por toda la historia gustativa dentro del sexo, de la salinidad de la piel, de los flujos sexuales que recuerdan a un marisco salado y templado, a una piel fresca y tersa mojada por las olas del mar, a los placenteros recuerdos de una tarde de agua yodada, cuerpos salados al sol, al verano y al romper de las olas.

Aunque el marisco tenga un alto contenido en zinc y eleve la producción de testosterona en el hombre y estrógenos en las mujeres es infinitamente más poderosa la sugestión de toda la información salina previa de acontecimientos placenteros que han ocurrido en nuestra historia sexual y sentimental.

Teniendo en cuenta que desde la ingestión del zinc que posee el marisco hasta que haga el efecto a nivel fisiológico deberían pasar varias horas podemos pensar que ese supuesto efecto afrodisíaco que pensamos aparece inmediatamente después de una cena de marisco viene influenciado por la sugestión psicológica de recuerdos salados, expectativas e ideas sugerentes que provocan que se produzcan sustancias placenteras en el cerebro semejantes a las producidas en la fase de preliminares en el sexo.

Recuerda esos momentos y disfruta de todo el océano en la palma de una mano.

Este artículo fue publicado originalmente en El Gastronómico nº 27

Chocolate, un placer de bolsillo

Chocolate

Según los mayas es el “alimento de los dioses” y no es mucho decir teniendo en cuenta que estamos hablando de un producto que nos puede dar la llave para unas experiencias gastrosexológicas de lo más excitantes, tanto en solitario como en compañía.

El chocolate contiene varias variables que pueden influir en nuestra percepción del placer. Aparte de nutritivo y energético, este alimento posee cafeína y teobromina, dos estimulantes que ayudarán a apreciar en mayor medida el placer en todas sus vertientes. El último componente que se suma a esta receta del chocolate es la feniletilamina, un alcaloide que produce unos efectos psicoactivos. Esta sustancia que posee el chocolate, según la teoría del doctor Donald F. Klein y Michael Lebowitz, se desencadena naturalmente en nosotros por tan sólo un intercambio de miradas, un roce o un apretón de manos y es responsable de las sensaciones y modificaciones fisiológicas que experimentamos durante la etapa de enamoramiento: la excitación, taquicardia, enrojecimiento y vigilia. Por lo tanto tenemos en el chocolate la posibilidad de sentir sensaciones en solitario o incrementar las que ya estamos sintiendo en compañía. Es el placer de bolsillo.

Después de empaparnos de los conocimientos técnicos de las propiedades del chocolate es el momento de tomar la decisión de emplear el chocolate como herramienta para potenciar las sensaciones placenteras.

Lunes por la tarde, salgo del trabajo y voy en busca del elemento que me ayudará a alcanzar un placer gastrosexológico. Esta noche quiero emplear dos preparaciones y aplicaré varias técnicas gracias al chocolate. Los preliminares vendrán de la mano del postre de chocolate negro y caliente que iré degustando cucharada a cucharada empleando el contraste caliente-frio con el helado de chocolate blanco. Ya comienza el efecto de los vapores que emana mi postre al romper el corazón de ese coulant aromático, caliente y húmedo. El olor invade la habitación y comienzo a recordar cada momento agradable y placentero que me ha proporcionado el chocolate a lo largo de mi vida. Cada momento placentero se va uniendo para crear en mí una ligera excitación y taquicardia que me va preparando para la culminación de mi experiencia de placer de bolsillo.

Termino el coulant y la habitación sigue con una temperatura muy agradable, en el ambiente permanece el aroma de chocolate. Cojo aire y dejo que este aroma me inunde. Comienzo a sentir un enrojecimiento en las mejillas y decido tumbarme mientras voy desenvolviendo una cajita, levanto la tapa y acerco mi nariz para apreciar bien los aromas de unos bombones de chocolate y pimienta. Introduzco mi mano lentamente y acerco el bombón a mi nariz, lo huelo con detenimiento, la taquicardia sigue y continúo acercando el bombón a la boca que, con tan sólo el contacto, comienza a derretirse provocando un ligero cosquilleo de la pimienta en mis labios; es el momento de introducirlo en la boca, respirar profundamente e inundarme de este placer de bolsillo.

Indicaciones:
Esta receta se puede aplicar solo o en compañía.

Este artículo fue publicado originalmente en El Gastronómico nº 26

Leche

Leche

Los lácteos forman parte de la vida desde el primer día de nuestra existencia. El primer placer gastrosexológico se produce en este contacto gastronómico en brazos de nuestros seres queridos. Es nuestro primer contacto con ese líquido blanco, tibio y dulce que marcará el resto de nuestro contacto con la leche.

Estas primeras experiencias placenteras que sacian nuestra sed y hambre, conllevan un contacto físico que produce una sensación de amor, protección, calor además de calmar nuestro apetito para pasar a un sueño placentero más cercano al éxtasis. Este sueño causado por un aminoácido localizado en la leche unido a la liberación de sustancias de placer de nuestro cerebro por la sensación de saciedad hace que sintamos placer ante diversos derivados lácteos que evocan el recuerdo de esas primeras sensaciones.

Dentro de esta gama podemos encontrar lácteos con sabor a nata, miel, canela, vainilla, coco,etc que recuerdan estos sabores de la infancia y nos producen emociones agradables y relajantes. Con el paso de los años y experiencias nuestra gama de lácteos se abre para ofrecernos otros sabores de derivados de la leche en diversas elaboraciones; estos olores suaves y cálidos ya no evocan en nosotros esta sensación placentera de forma tan intensa, sino que pasa a ser una sensación de relajación. Aparecen entonces los gustos por el requesón, el queso curado, quesos con fermentos lácticos más penetrantes como los quesos azules. Unos productos con intensos olores que inundan nuestro ser cuando son degustados.

Estos aromas de leche fermentada, intensa, evocan un olor similar a los efluvios producidos por el sexo tanto masculino como femenino. No todos disfrutamos con estos olores tan envolventes, incluso a veces picantes, igual que no todos disfrutamos de los olores de estos efluvios sexuales cuando son excesivamente intensos para nuestro gusto. El paladar se acostumbra paulatinamente a esta nueva gama de olores y sabores más intensos igual que nosotros comenzamos a apreciar el olor y sabor del sexo.

Un menú en el que se combine una evolución de lácteos que rememoren la relajación y sensación de protección de nuestra infancia nos predispone a desear probar sabores lácteos más intensos que nos evocan otros recuerdos de placeres más sexuales. Sabores más carnales, picantes, ácidos y salados que podemos contrarrestar a nuestro gusto con sabores dulces como la miel, el caramelo, el azúcar, para así encontrar el punto de equilibrio que necesitamos para excitar nuestro paladar.

En el sexo, como en los lácteos, existe una evolución que depende de la personalidad, gustos y ansias de búsqueda de nuevas sensaciones que diferencia a unas personas de otras.

Este artículo fue publicado originalmente en El Gastronómico nº 25

El pan

Amasando pan

Ingredientes

  • Agua
  • Harina
  • Levadura
  • Sal

Me viene a la mente Alejandra Grepi en la película Nefele, cuando el panadero tamiza sobre su cuerpo desnudo una harina hermosamente blanca y comienza a amasar en el cuerpo de esa voluptuosa mujer. Una divertida imagen pero de lo más gastrosexual cuando él se dispone a comer parte de la harina y amasa con frenesí los pechos , tal cual masa en plena fermentación. El pan , desde la infancia, ha llenado de satisfacción muchísimos momentos de nuestra vida, ha saciado el hambre y provocado placer en numerosas ocasiones. Podemos recordar perfectamente aquel trozo de pan que comimos en determinado lugar.; recreamos el crujir de su corteza y el olor del pan recién horneado, el partirlo con las manos y comerlo humeante, húmedo, caliente,…

Las levaduras del pan, los fermentos y las masas madres tienen un papel definitivo en nuestros recuerdos gastrosexuales. La primera vez que metimos nuestras manos en una masa fermentada, suave y caliente que se hunde bajo el contacto de los dedos, maleable y templada cual cuerpo de Alejandra Grepi en manos del panadero. Al amasar nos inunda el olor a levadura con un ligero aroma dulzón y acre que recuerda al cuerpo preparado para recibir placer.

En el momento de empezar a amasar, empujamos, estiramos y moldeamos formas que recuerdan en muchas ocasiones los pechos, los muslos, el objeto de deseo. A continuación apretamos, golpeamos la masa por momentos y nuestro cuerpo se contonea al ritmo acompasado del amasado. El horno caldea el ambiente pues las levaduras necesitan de un ambiente húmedo y templado.

La elaboración del pan al igual que una relación sexual requiere de un ambiente adecuado, unos tiempos, un incremento paulatino de empujones, caricias envolventes, pellizcos para poder llegar a formar ese pedazo de masa que finalmente introduciremos en el horno donde aumentará para finalmente poder degustarlo usando nuestras manos.

La gastrosexología se puede encontrar en los pequeños placeres que deben ser cuidados como son la caricia de un amasado, el olor de una levadura o el crujir de una corteza de pan caliente.

Este artículo fue publicado originalmente en El Gastronómico nº 24

Un poco de picante

Pimiento

“Yo soy como el chile verde…, picante pero sabroso”

( La llorona, Son itsmeño, México)

 

Aroma de curry, okra, chile habanero, pimienta negra, chile en nogada, pimiento de Herbón, serrano, jalapeño, mojo picón… viajamos por las cocinas de todos los continentes y siempre encontramos el picante como ingrediente. El picante evoca en nosotros recuerdos de los efectos que nos produce el aroma, la quemazón, el cosquilleo final de estos ingredientes digamos… calientes.

Pero has pensado el porqué de volver a tomar un bocado picante después de haber pasado un ligero dolor. ¿Por qué poco a poco nos vamos acostumbrando al picante y necesitamos más para que nos haga el mismo efecto? ¿Cuales son los efectos secundarios del picante? ¿Pensamos en prolongar dichos efectos placenteros después de comer?

Ven, te invito a entrar en una cocina del país que tú desees, entra… ahora huele a hojas de curry en aceite de coco, o a chiles en nogada, pimientos de Herbón. Ese aroma sube y te rodea, ahora nos acercamos más a la olla de donde se desprende un aroma que te envuelve y entra en tu nariz ese picor característico. Entonces piensas, ¿picará poco? ¿lo suficiente? ¿demasiado?. Cada uno de nosotros tiene un nivel de picante que le resultará más o menos placentero. Aunque verdaderamente existe una escala de capsaicina , la escala Scoville. Cada persona reaccionará de diferente manera ante ese nivel de picante.

El picante estimula en nuestra lengua los receptores del calor, por lo tanto no nos estamos quemando la lengua sino que estamos siendo hiperestimulados en esos receptores y el cerebro reacciona para compensar ese dolor segregando endorfinas y serotonina, componentes químicos de placer. Lo que ocurre es que nuestro cerebro se habitúa a ese nivel de picante y necesitamos más para conseguir que se sigan liberando esas endorfinas.

Ahora ya estamos sentados, comiendo nuestro aromático plato, una primera cucharada picante, aromática, envolvente que nos transporta a su país de origen y con el picante comienza a aumentar nuestro ritmo cardíaco, a acelerarse el metabolismo y sentir calor, no sólo en la boca sino en toda nuestra piel igual que en la fase de excitación sexual, vienen a nuestra mente recuerdos gastronómicos y sexuales donde hemos tenido la misma sensación placentera de calor, taquicardia, dolor, placer, aromas.

El picante nos puede proporcionar excelentes momentos de placer si sabemos prepararlo, cocinarlo e incrementarlo en su justa medida, paulatinamente, igual que ocurre con el dolor, el placer, el tacto, el olfato,el gusto…

Disfruta de la cocina, de la comida y pon picante a la vida.

Este artículo fue publicado originalmente en El Gastronómico nº 23

El delantal

delantal

El mandil, faldar o delantal, dentro y fuera de la cocina, condiciona o predispone para el placer. Sobre el simbolismo gastrosexual del mandil hablaré en este artículo que nos adentrará en las diversas funciones, utilidades y sensaciones que nos puede deparar el simple gesto de ponerse un delantal.

No debemos relacionar simplemente al mandil con la utilidad básica para la que ha sido concebido, que es su función higiénica, sino como un símbolo que desde siempre hemos relacionado con una satisfacción de nuestras necesidades y en muchas ocasiones con el placer de comer, beber, degustar, paladear, compartir una buena conversación, excitarse ante nuevos sabores y experiencias en la mesa.

Teniendo en cuenta que al delantal lo podemos ver como un preliminar para el placer, este trozo de tela, aunque pueda tener diversos diseños más o menos insinuantes, más o menos grandes, siempre nos invita a pensar que la persona que se pone el delantal desea provocarnos placer, que se está preparando para satisfacer alguna de nuestras necesidades.

Este delantal puede ser para nosotros un simple y funcional trozo de tela o, dependiendo de la situación, nos puede indicar que la persona que se lo pone para nosotros quiere empezar a proporcionarnos placer, a estimular nuestros sentidos, a invitarnos a descubrir nuevos sabores que desconocemos o rememorar sabores que anhelamos volver a saborear hace mucho tiempo.

No debemos considerar al delantal como una imposición para la cocina o una simple cuestión de higiene. Desde nuestra infancia un mandil ha significado en la mayoría de las veces placer culinario, nuevos descubrimientos, nuevas sensaciones.

Llegada una edad madura hemos aprendido en algunas ocasiones a relajarnos ante la expectativa de una placentera comida; todas estas relaciones de placer positivas y de estimulación relajante rodeados de un lugar agradable y una buena compañía hace que queramos alargar ese placer gastronómico que nos ha proporcionado esa persona con delantal con cualquier otra práctica que nos siga provocando placer, emociones y sensaciones más allá de la gastronomía.

Podemos relacionar directamente este simbolismo del delantal con unos preliminares sexuales, una preparación para las fases del orgasmo y uno de los caminos hacia el clímax. Toda relación sexual requiere de una previa relajación y un comienzo con estímulos positivos. Podríamos darle por tanto al delantal una función de estímulo positivo en los preliminares hacia el clímax.

Los pequeños placeres que nos incitan a comenzar una relación sexual siempre estarán relacionados con estímulos que a cada uno de nosotros nos han parecido o hemos experimentado como placenteros.

El delantal es uno de los pequeños placeres, pero podríamos tener cientos de estímulos placenteros que nos ayudan a estar predispuestos al sexo. Un sabor, un olor, un lugar, una situación, una postura, un comentario, una textura, una temperatura, un recuerdo placentero del pasado, etc. El mandil es uno de esos estímulos placenteros que pueden incitar a comenzar esa relación sexual.

Disfruta, cocina y sobre todo ponte el delantal….

Este artículo fue publicado originalmente en El Gastronómico nº 22